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Más Allá de los Cinco Sentidos: Terapia Ocupacional e Integración Sensorial

  • 1 oct
  • 4 Min. de lectura

Los sentidos que no siempre vemos

Cuando pensamos en los sentidos, solemos recordar los clásicos cinco: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Sin embargo, nuestro cuerpo cuenta con sistemas adicionales igual de importantes para entender el mundo que nos rodea y también lo que ocurre dentro de nosotros. La propiocepción, por ejemplo, es ese “sexto sentido” que nos informa dónde están nuestras extremidades y cómo se mueven sin necesidad de mirarlas. Gracias a ella podemos subir escaleras sin observar cada paso o escribir sin tener que mirar constantemente la mano.


El sistema vestibular, por su parte, es el gran responsable de nuestro equilibrio. Nos permite girar, saltar, correr o simplemente caminar sin marearnos ni caernos. Y la interocepción nos conecta con el mundo interno: hambre, sed, cansancio, nerviosismo o necesidad de ir al baño. Este sentido invisible regula la manera en que respondemos a nuestras necesidades más básicas.

 

Cuando todos estos sistemas trabajan en armonía, la vida fluye de manera más sencilla: podemos aprender, relacionarnos y disfrutar de las actividades cotidianas sin mayor dificultad. Pero si alguno de ellos no funciona correctamente, las consecuencias pueden sentirse en muchas áreas de la vida.


La pirámide del desarrollo

Imaginemos el desarrollo como una pirámide. En su base más amplia están los sistemas sensoriales. Sobre ellos se van construyendo habilidades fundamentales: la coordinación motora, el equilibrio, el control postural, el esquema corporal y la conciencia de nuestros propios movimientos.

 

Esa base es la que sostiene capacidades más complejas, como el lenguaje, el aprendizaje académico, las habilidades sociales y la resolución de problemas.

 

Cuando la integración sensorial es sólida, la pirámide se construye con firmeza. Pero si esa base es frágil, todo lo demás se tambalea. Así pueden aparecer:

  • Torpeza motora, caídas frecuentes o dificultad para aprender deportes.

  • Rechazo a ciertas texturas de ropa o alimentos.

  • Reacciones exageradas ante ruidos, luces o movimientos.

  • Problemas de concentración y memoria.

  • Dificultad para regular las emociones.


Un ejemplo de la vida cotidiana

 

Imaginemos a Camila, de 6 años. Cada mañana es una batalla para vestirse: la etiqueta de la polera le molesta, los calcetines le resultan insoportables y termina llorando antes de salir de casa. En el colegio se muestra inquieta, evita los juegos en el patio y se tapa los oídos cuando hay mucho ruido.

 

A simple vista, podría parecer que es una niña “regalona” o “mañosita”. Pero detrás de esas reacciones hay un sistema sensorial que procesa los estímulos de forma distinta. Lo que para otros pasa inadvertido, para ella se siente como una sobrecarga. Este tipo de situaciones son más comunes de lo que pensamos y pueden afectar no solo a niños, sino también a adolescentes y adultos.


¿Cómo interviene la Terapia Ocupacional?

 

La Terapia Ocupacional tiene como misión principal favorecer la participación plena en las actividades significativas de la vida diaria. En el caso de la integración sensorial, esto significa acompañar a la persona a organizar mejor la información que recibe de sus sentidos. No se trata solo de exponer a estímulos, sino de proponer experiencias cuidadosamente diseñadas para que el cerebro aprenda a procesar de manera más eficiente.

Algunas estrategias incluyen:

  • Juegos vestibulares: columpiarse, girar, balancearse para mejorar el equilibrio y la orientación espacial.

  • Actividades propioceptivas: empujar, cargar, saltar o usar resistencias para tomar conciencia del propio cuerpo.

  • Propuestas táctiles: jugar con masas, arena, agua o distintos materiales para ampliar la tolerancia sensorial.

  • Rutinas de autorregulación: respiración, movimiento rítmico o pausas activas para manejar la ansiedad.

 

El resultado de este trabajo es profundo: no solo cambia la manera en que el cuerpo responde, sino también la forma en que la persona se relaciona con su entorno, con los demás y consigo misma.


Un trabajo en equipo

 

La integración sensorial no se construye únicamente en la sala de terapia. Los padres, educadores y cuidadores cumplen un rol fundamental. Por eso, la Terapia Ocupacional busca entregar herramientas prácticas que puedan aplicarse en casa, en la escuela y en la comunidad.

 

Un niño que se sobrecarga con facilidad, por ejemplo, puede beneficiarse de contar con un rincón tranquilo en su hogar donde relajarse; en el colegio, los profesores pueden usar recursos visuales para estructurar las rutinas; y en la comunidad, los padres pueden anticipar cambios de ambiente para ayudar a que la transición sea más llevadera.


Más allá de los sentidos: un camino hacia la autonomía

 

La integración sensorial no es un tema menor. Es la base que sostiene nuestra manera de aprender, jugar, trabajar y relacionarnos. Cuando existe un buen procesamiento sensorial, las personas logran adaptarse mejor a los cambios, disfrutan más de las actividades y desarrollan mayor seguridad en sí mismas. Y cuando aparecen dificultades, la Terapia Ocupacional abre un camino de acompañamiento y esperanza. No se trata de eliminar los desafíos, sino de aprender a vivir con ellos de manera más equilibrada, encontrando recursos que permitan disfrutar de la vida diaria.

 

🌱 Porque ir más allá de los cinco sentidos es, en realidad, acercarnos a una vida más plena, significativa y en armonía con nosotros mismos y nuestro entorno.


Terapia Ocupacional e Integración Sensorial

 
 
 

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